25 de junio de 2014

Personas, nada más.

Etiquetas. Sólo sirven para ponerle precio a una camiseta o para organizar un blog. Pero lo siento, para las personas no sirven. Ninguna de ellas. Ni siquiera las de "hombre" o "mujer".

No quiero decir con esto que nadie sea "hombre" ni "mujer", todo lo contrario. El negro y el blanco existen, pero no podemos ignorar la maravillosa mezcla de tonos grises que hay de un extremo a otro. Y por si aún quedaban dudas, sí, me refiero a las personas transexuales. Esas personas que aunque tengan vagina no son mujeres, ni son hombres por tener pene. 

"Aberración de la naturaleza" lo llaman algunos. La aberración de la naturaleza son ellos: insensibles a una realidad e incapaces de ver dos palmos más allá de sus narices. Éstos mismos son los que creen que la operación para el cambio de sexo es un capricho. ¿Capricho? Capricho es comprarse un helado. Tener la valentía necesaria como para dar un cambio radical a tu vida, que va a poner en juego tus amistades, tu pareja, tu familia y tu propio cuerpo, no es un capricho. Aceptar las limitaciones sexuales que conlleva un cambio de sexo y asumir que estás apostando toda tu vida a una decisión irrevocable, no es un capricho.

Ojalá yo tuviera la mitad de valentía que ellos para hacer cualquier cosa. Odio a las personas que les tachan de locos, desequilibrados o cualquier otro sinónimo sólo por que su cuerpo no refleja su verdadero ser. No es una cuestión de "aceptar lo que eres", sino de "ser quien eres". Sólo siendo quién eres, eres libre. Y sólo la libertad te hará feliz, que es de lo que se trata la vida.

Me da pena la doble moral. Aceptamos que una mujer se aumente el pecho sin problemas. Pero cuando exactamente la misma operación se la hace una mujer transexual (entendemos que ha nacido hombre), ponemos el grito en el cielo. Las operaciones mamarias y de genitales existen y no son exclusivas del colectivo transexual, pero cuando éste recurre a ellas, hablamos de innaturalidad. Lo innatural es condenar a una persona a asumir un rol que no es el suyo sólo por que la sociedad no quiere asumir que el color gris existe.

Ojalá algún día nos diésemos cuenta de que las etiquetas son odiosas. Por lo menos yo las odio. Sólo sirven para categorizarnos y, como dice el refrán, "divide y vencerás". Perdonadme por no quereros etiquetar y consideraros, simplemente, personas. Y que si, algún transexual o alguna persona con dudas me lee, que sepa que tiene mi apoyo y el de mucha otra gente, ten valor, ni estás solo ni lo estarás. Y no hagas caso a la gente que no te quiera entender, que no hay más ciego que el que no quiere ver.

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