6 de abril de 2013

Familia

No voy a mentir. No es uno de mis mejores días, pero es una de mis mejores épocas. No todo sale siempre como lo planeas y cuando esto pasa, lo mejor es dar un paso (o una zancada) adelante y sonreír, como siempre. Pero cuando estás así, la más simple mueca o simulacro de sonrisa supone el mayor de los esfuerzos.

Sin fuerzas, frágil como una figurilla de hielo, sólo te queda esperar a que alguien te rescate. Desde lo más profundo de tu corazón pides ayuda, como si rogases auxilio a un superhéroe. Y entonces, aparece. Maldito Hollywood... tantos años y tantos intentos de hacernos creer que los superhéroes tienen súper fuerza y súper habilidades imposibles para el resto de los mortales, tanto mostrar a los héroes embutidos en mayas de colores, algunos de ellos con capa y máscara, tanto engaño... 

Mis superhéroes ni conocen increíbles artes marciales, ni visten con los calzoncillos por fuera, ni necesitan máscaras. Mis héroes favoritos  no llegan a fin de mes, tienen que trabajar largas y cansadas horas para poder llenar la nevera, estudian dos carreras temiendo porque ninguna de ellas le dará de comer, cobran una ayuda mínima del Estado... Ellos tienen el que para mí es el mejor de los superpoderes: arrancarme una sonrisa.

Seré sincera... lo que me río en una sola tarde con ellos no supera lo que me rio con otras personas en un mes entero. Ni en cien mil años podría agradecerles todo el cariño y la felicidad que recibo de ellos. Creedme,  sin su apoyo habría tirado la toalla de casi todo.

A veces pienso ¿qué sería de mí sin ellos? ¿sería igual de feliz? No puedo responder a esas preguntas, porque no soy adivina, pero de algún modo creo que no, no sería ni la mitad de feliz que soy ahora. Me alegro de haberme decidido a estudiar el grado que nadie apoyaba, me alegro de haber repetido segundo de bachillerato y de haberme cabreado con el mundo, cosa que me hizo tomarme un año "sabático"-que de sabático tuvo poco-, me alegro de haberles conocido y, también, a la gente que he conocido gracias a ellos.

Por primera vez en mucho tiempo me siento libre al hablar: puedo decir cualquier cosa que se pase por mi cabeza, porque sea lo que sea, no se van a asustar. Puedo ser yo misma, sin censurar nada. Ellos en menos de un año me han demostrado muchísimo más de lo que me han demostrado "amigos" durante años. Y hoy, por cojones, se lo tenía que agradecer.

Gracias, de corazón, por haberos convertido en mi segunda familia. No os cambiaría por nada en este mundo. Vosotros sabéis quiénes sois y quizá no sepáis cuánto hacéis por mi. Espero que mi persona logre sonsacaros tantas sonrisas como vosotros a mi.

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